La gastronomía sinaloense hace tiempo dejó de ser solamente un motivo para sentarse a comer. Hoy también es una forma de contar quiénes somos, de reunir a las personas y, sobre todo, de generar movimiento para un sector que necesita espacios para mantenerse activo.
El encuentro “Arroces y Fuego”, organizado por Cayenna, es un ejemplo de ello. Cinco chefs sinaloenses se reúnen para compartir propuestas, técnicas y sabores alrededor de un ingrediente tan sencillo como versátil: el arroz.
Pero detrás de un evento gastronómico hay algo más que platillos.
Hay cocineros, meseros, proveedores, productores, agricultores, empresarios y familias que dependen de que la gente vuelva a salir, consumir y descubrir lo que se hace en Sinaloa.
En momentos en los que se habla constantemente de la necesidad de reactivar la economía y fortalecer el turismo, también vale la pena mirar hacia estos espacios que generan actividad desde lo local.
Mazatlán tiene el turismo; Culiacán y Los Mochis tienen sus propias fortalezas. Y Sinaloa tiene algo que puede convertirse en uno de sus mejores escaparates: una cocina con identidad, creatividad y capacidad para reunir a la gente.
Eventos como este también permiten que los chefs sinaloenses sean protagonistas de su propia historia. Que no solamente se hable de la comida típica que conocemos de siempre, sino de una nueva generación que está experimentando, reinterpretando ingredientes y llevando la cocina regional hacia otros escenarios.
Porque promover Sinaloa no necesariamente significa organizar grandes espectáculos.
A veces también significa llenar un restaurante, apoyar a un productor, descubrir el trabajo de un chef local o simplemente sentarse a la mesa y darle una oportunidad a una propuesta hecha aquí.
La gastronomía puede ser entretenimiento, cultura y negocio al mismo tiempo.
Y quizá ahí esté una de las claves para seguir moviendo a Sinaloa: entender que consumir lo local no es solamente comprar; también es participar en la construcción de una economía que se queda aquí.





